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Al ritmo de un visionario

Escrito por Poppy

 

 

 

 

 

Con  My Shot sonando en la pantalla, recuerdo perfectamente esa tarde. Estaba en casa, en plena pandemia, con las luces apagadas y el mundo detenido afuera. Solo tenía el televisor encendido y la voz de Lin-Manuel Miranda llenando el silencio. No esperaba mucho —un musical histórico, pensé—, pero de pronto me encontré completamente asombrada. Esa canción, tan potente, tan viva, me fascinó. Sentí la ambición, el fuego, la urgencia de un hombre que no quería desaprovechar su oportunidad. En ese momento, entendí que Hamilton no era solo un musical.

Lin-Manuel Miranda nos da a conocer un personaje que solo está mencionado en libros de historia y lo convierte en una leyenda. Hamilton se vuelve en alguien cercano, en un ejemplo a seguir y, al mismo tiempo, una persona humana con defectos. Todo esto lo hace mediante distintos elementos musicales. Usa cada uno en el momento adecuado: rap para el Hamilton revolucionario, una balada para el romántico, una sátira con el rey. Todo esto mientras hay una puesta en escena vibrante, que nunca se queda quieta, como si reflejara la mente inquieta del propio Hamilton.

Lo que más me impacta del musical es cómo logra que la música sea un espejo del alma de sus personajes. El uso de leitmotiv —esas frases musicales que se repiten y transforman— crea una conexión profunda con ellos, casi inconsciente. Al principio, el motivo de Hamilton suena enérgico, lleno de esperanza. Es el ritmo de un joven que quiere cambiar el mundo a cualquier precio. Pero a medida que la historia avanza, ese mismo motivo se vuelve más pesado, más lento, como si cargara con el peso de sus decisiones. Cada repetición nos recuerda lo que ha ganado, pero también lo que ha perdido.

En cambio, el motivo de Aaron Burr evoluciona en otra dirección. Al principio, suena contenido, cauteloso. Burr repite constantemente “Wait for it”, como si esperara el momento perfecto para actuar. Y cuando por fin lo hace, cuando dispara a Hamilton, la música nos revela que ese momento “perfecto” nunca existió. Howard Ho lo explica muy bien en uno de sus análisis: los acordes que definen a Burr están construidos para crear tensión, como si siempre quedara algo por resolver. Esa misma sensación de espera lo acompaña hasta el final.

​​Esto es un musical que verdaderamente merece la pena. Cada canción tiene un propósito, cada palabra está colocada con intención, y cada género elegido cuenta algo sobre los personajes y su tiempo. Hamilton es una obra que lo integra todo: la fuerza del rap, la elegancia de la música clásica, la emoción del teatro y la energía del presente. Es una mezcla que no debería funcionar… pero lo hace, y de manera brillante. El valor de Hamilton reside justo ahí: en su capacidad para unir historia y arte, ritmo y sentimiento. Una buena historia, una gran música y, sobre todo, un compositor que entendió que el pasado no está dormido, sino esperando a que alguien le devuelva la voz.

 

—POPPY

(Lin-Manuel Miranda en una imagen oficial de Hamilton. HamiltonBroadway.com)

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Póster oficial de Hamilton 

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Musik ©2025 de Leyre Belda, Lourdes Rossy, Ángela Marín  y Covadonga Molina se publica bajo licencia CC BY-NC-ND 4.0

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